El título: "Una Noche Perfecta con una joven"
Categoría; Sexo con maduros
Estaba en un bar rodeado del ruido y la luz brillante, cuando me fijé en una joven sentada sola a un costado, su rostro reflejando la tristeza que se había instalado en él. Era Sofía, con 20 años, y su belleza era evidente incluso bajo el brillo de las luces. Me llamó la atención y decidí acercarme.
"¿Todo bien?" pregunté, mi voz sonora y profunda resonando en aquel espacio bullendo de gente. Noté su tristeza y sentí una empatía natural hacia ella. "Me llamo Alejandro", agregué al tiempo que le ofrecía mi mano, que ella aceptó sin dudar.
La conversación fluyó con facilidad entre nosotros. Con cada vaso que vaciábamos, me sentía más atraído por su espíritu y belleza. La noche avanzaba y el bar se llenaba de gente, pero nos manteníamos en nuestro pequeño rincón, absortos en la conversación.
"¿Quieres salir conmigo?" le pregunté de repente, sintiendo un pulso acelerado al plantearla esa pregunta. El ambiente cambió en ese momento y sentí que estaba invadiendo su espacio personal, pero no pude evitarlo. "Vamos a caminar", dije, esperando su respuesta.
Sofía sonrió y aceptó la oferta, dando un paso hacia adelante después de tanto dolor. Salimos al fresco de la noche mexicana, tan diferente de las últimas noches que había pasado con su exnovio. Me conto que paso que termino con su exnovio porque ya no le prestaba atención.
La caminata fue lenta pero agradable. Le conté historias y ella se rió sin sentir tristeza por un momento. Llegamos a una tienda de música donde escuchaban un grupo de jazz que hacía bailar nuestra alma. Entramos y bailamos juntos, la música nos envolvía en su melodía.
Después de terminada la música, salimos otra vez al aire libre. Pero yo quería más. Quería tenerla para mi solo. Por lo cual hice un intento que pensé que rechazaría la invite a mi apartamento, pero me dijo que sí.
Cuando llegamos a mi apartamento, Sofía estaba cansada pero satisfecha, le dije que se sentara en la sala que iba al baño, pero ya volvía estaba pensando como llevar la interacción que hacer que decir y ya había pensado mil opciones pero al darme la vuelta ella estaba ahi
En el baño, comenzamos a desnudarnos lentamente, cada movimiento un ritual que nos hacía más cerca. Me quité la camisa y Sofía me miró embobada, admirando mi pecho musculoso y mis hombros fuertes. Se quitó las bragas y yo la tomé en brazos, llevándola hacia la ducha, no se ni porque ahí pero necesitaba mas espacio.
Ahí mismo, sin pensarlo dos veces, comencé a hacer sexo oral. Mi lengua se deslizaba por su vagina, explorando cada rincón con destreza. Ella gimió al sentir mi primera penetración lingual, y yo no pude evitar introducir más mi lengua en ella, saboreando su dulce jugo.
Sofía apretaba los puños sobre el borde de la regadera mientras yo la devoraba sin piedad. La saliva empezaba a gotear por sus labios, pero ella no se importaba, solo quería sentir más de esa sensación. El mundo se reducía al tacto, al sonido, al aroma de su cuerpo.
Después de varios minutos de éxtasis oral, la levanté y la llevé hacia mi habitación. La cama era grande y acogedora, con un colchón firme que nos recibiría con amor. Nos acostamos juntos y yo me colocó sobre ella, guiando mi verga a través de su vagina húmeda.
La primera penetración fue lenta pero Sofía la sentía bien. Yo no presionaba demasiado, dándole tiempo a su cuerpo para ajustarse al tamaño de mi sexo. A medida que iba penetrando más profundo, ella se abría más, sintiendo una sensación de llenura placentera.
Pero yo quería sentirla entera y, para ello, decidí llevar mis labios a su clítoris, chupándolo con pasión mientras la penetraba cada vez más adentro. Sofía se sentía invadida por un éxtasis sin límites.
Después de varios minutos de sexo vaginal, la volví sobre sí y la llevé hacia el sofá. La colocó boca abajo y, sin dudarlo, penetré su ano desde detrás, esta vez con más fuerza que antes. Sofía gimió al sentirme dentro de ella de nuevo.
El sexo anal era un raro placer que no había experimentado en mucho tiempo. Yo la penetraba con fuerza, pero no demasiada, dándole tiempo a su cuerpo para adaptarse a la nueva posición. Ella se sentía llena y satisfecha, quería más de ese sexo tan intenso.
Después del sexo anal, regresamos a la cama y continuamos haciendo sexo oral, esta vez conmigo como el que recibía. La noche era larga pero placentera, el amor y el deseo se habían unido en nuestro cuerpo y alma.
Cuando amaneció, Sofía estaba dormida entre mis brazos. Yo la miraba, admirando su belleza, pensando que esta noche sería una de las más felices de mi vida. Y ella sentía la misma sensación, pero no quería despertar todavía, temiendo romper el hechizo de la noche perfecta.
A
Escrito por Anónimo
Miembro de la comunidad.
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